• gurucitta

¿Por qué la motivación no es suficiente para cambiar?



¿Cuántas veces has sentido el fuego en tu interior que te empuja a evolucionar, a crecer, a querer cambiar y terminas por no hacer nada?


¿Cuántas veces te has propuesto tener una práctica constante de crecimiento o meditación y terminas por abandonarlo todo?


¿Cuántas veces has querido construir nuevos hábitos y no has podido?


¿Cuántas veces te has imaginado siendo alguien diferente, dando un giro de 180 grados a tu vida y cuando lo intentas, el entusiasmo sólo te dura un par de semanas o peor aún de días?


El motivo por el cual no consigues cambiar es porque quieres hacer muchos a la vez o porque son cambios muy drásticos.


Detrás del cambio hay tantas resistencias, incluso si eres de los que estás acostumbrado a los cambios, seguro hay transiciones que son difíciles para ti.


Un sólo cambio requiere de muchísima energía y esfuerzo a nivel mental, emocional y cerebral (físicamente hablando), así como la suma de las resistencias de tu ego: Fuerza de voluntad. Imagina querer cambiar 5 hábitos viciosos al mismo tiempo, ¡o 12! ¿Te dicen algo los propósitos de año nuevo?


Un cambio se convierte en una realidad cuando es automático, cuando ha dejado de consumir toda esa energía y esfuerzo. Eso es lo que se llama un hábito.


Supongamos que se enciende el entusiasmo por crear una rutina de meditación o integración porque tomaste un curso o clase muy poderosos que despertaron esa adrenalina. En tu mente haces un plan de una hora diaria de práctica, quizá lo logres el primer día, pero conforme van pasando los días y el entusiasmo se apaga, cada vez se hace más difícil conseguirlo, hasta que llega el momento en que no tienes ganas, se te olvida, no te da tiempo o estás cansado. Además, estás tratando de dejar de fumar, ir al gimnasio y tomar cursos de capacitación para tu trabajo.


Ese primer cambio tan drástico de cero práctica a una hora requirió mucha energía y esfuerzo, ¿de dónde sacas el resto de la energía para hacer los demás cambios? No la hay.


Cuando eres un ser humano “de alto rendimiento” por nombrarlo de algún modo, es decir, una persona que está acostumbrada ya a hacer muchos cambios a la vez porque la disciplina y la fuerza de voluntad son un hábito, entonces es fácil, pero cuando ese chip aún no está activado en tu ser, tienes que comenzar de cero.


Y te preguntarás entonces, ¿cómo le hago?


Es necesario que elijas sólo un cambio a la vez y que comiences por el mínimo esfuerzo.


Por ejemplo, si tu intención es adquirir una práctica de meditación de 1 hora todos los días por la mañana y no sueles levantarte temprano, son dos hábitos nuevos que estás tratando de provocar al mismo tiempo.


Inicia con la práctica primero a una hora del día en la que te sientas cómodo y no te empujes hasta los 60 minutos, haz sólo el mínimo esfuerzo y recompénsate por ello.


Hazlo de esta forma:


Día 1:

Siéntate y respira profundo, ¡listo! Recompensa.


Día 2:

Respiras profundo tres o cuatro veces y te das un premio.


Día 3:

Será más fácil respirar y podrás repetir algunas veces un mantra o meditación, te das tu recompensa por esos minutos.


Los siguientes días será cada vez más fácil permanecer en meditación, te irás sintiendo cómodo y tu mente, energía y ego se irán acostumbrando hasta que se genere el hábito y sea una rutina automática en tu vida como bañarse o cepillarse los dientes.


Para hacer que ese cambio se convierta en una rutina y no requiera más fuerza de voluntad (¿recuerdas, energía y esfuerzo?) necesitas de esta fórmula:


Detonador → Acción → Recompensa


Un detonador es algo que te recuerda que tienes que hacerlo. Por ejemplo, tu zafu (cojín) de meditación o tu mala en un lugar estratégico, donde sí o sí lo veas. Es un gatillo que lo asocia con el nuevo hábito. No es una motivación propiamente porque eso se diluye. Es algo que te recuerda y genera el estímulo en el momento para hacerlo.


La acción es el nuevo hábito a desarrollar: Meditar.


Y la recompensa es tu premio por haberlo hecho. Tú eliges.


Una vez que estos 3 elementos se combinan para generar ese nuevo hábito, todo funciona y tendrás un proceso automático repetido que no requiera de más voluntad.


Aquí te doy un ejemplo de una práctica de meditación pero aplica para cualquier nuevo hábito que quieras adquirir.


En mi caso, toda la vida batallé con el ejercicio. Tenía temporadas de muchísimo entusiasmo e intensidad, gimnasio, yoga, funcional, spinning y todas las demás disciplinas que encuentras en un gym. Cuando la motivación se apagaba, entonces comenzaba a fallar, me inventaba miles de pretextos para no ir, hasta que lo abandonaba. Esto sucedió porque no se convirtió en algo automático y porque nunca había recompensas. Todo era esfuerzo y energía gastados intensamente hasta el extremo y sin ningún premio.


Hace algún tiempo que retome el yoga con los minutos y las poses con las que mi cuerpo, y yo claro, nos sentíamos cómodos, ahora que el hábito se construyó, pruebo con más tiempo, poses más retadoras y por supuesto todos los días me premio con mi café mientras leo.


Sigue la fórmula de la voluntad y verás que puedes lograrlo.


Tu capacidad para crear nuevos hábitos es infinita, tienes un gran potencial, créeme, todos los seres humanos lo tenemos, sólo hay que empezar por algo, sin agobiarte, hasta que construir nuevos hábitos sea tan fácil que no haya nada que no puedas conquistar.


Cuéntame, ¿con cuál nuevo hábito vas a empezar?


Gurucitta




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